Este pequeño cuento resume el porque de la creación de este blog. Con mucho cariños les doy la BIENVENIDA a todo aquel que lo visite y quiera quedarse, que lo disfruten. Graciela

"A las puertas del cielo llegaron un día cinco viajeras
- ¿Quienes son Ustedes? les preguntó el guardián del cielo.
- Somos - Contestó la primera - LA RELIGIÓN
- LA JUVENTUD...- dijo la segunda
- LA COMPRENSIÓN...- dijo la tercera
- LA INTELIGENCIA... - dijo la siguiente
- LA SABIDURÍA - dijo la última
- Identifíquense!! - ordenó el carcerbero
Y entonces...
La religión se arrodilló y oró. La juventud se rió y cantó. La comprensión se sentó y escuchó. La inteligencia analizó y opinó. Y la sabiduría... contó un cuento."


(tomado de una idea de Anthony de Mello, modificada por Jorge Bucay)


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jueves, 26 de diciembre de 2013

Abriendo puertas sin miedo



En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. A sus prisioneros no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una puerta inmensa de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala les hacía formar un círculo y les decía:
- Ustedes pueden elegir entre morir a flechazos por mis arqueros, o pasar por aquella puerta... detrás de esa puerta ¡YO LOS ESTARÉ ESPERANDO!
Todos elegían ser muertos por los arqueros.

Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo había servido al rey, se dirigió al soberano:
- Señor ¿puedo hacerle una pregunta?
- Dime soldado. Señor: ¿qué había detrás de la puerta?
El rey contestó:
- ¡Vé y mira tú mismo!

El soldado abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron, la luz invadió el ambiente y, finalmente, sorprendido, descubrió que... ¡la puerta se abría sobre un camino que conducía a la LIBERTAD! El soldado, embelesado, miró a su rey, quién le dijo:
- Yo les daba la oportunidad de hacer una ELECCIÓN, pero por temor, preferían morir a arriesgarse a abrir esa puerta.

¿Cuántas puertas dejamos de abrir por miedo a arriesgarnos?
¿Cuántas veces perdemos la libertad, la oportunidad de la felicidad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños?

“Donde hay una inteligencia hay una libertad.” Santo Tomás de Aquino

Autor desconocido

sábado, 14 de septiembre de 2013

Paraíso

Cierta noche tres amigos ascendían por la pendiente del monte Sinaí, esperando llegar a la cima antes del anochecer.
Estaban ansiosos por respirar el mismo aire donde, siglos atrás, habían resonado las voces de Dios y de Moisés.

-Hagamos un alto para reponer fuerzas - propuso el de más edad, al llegar a una planicie del monte.
Encendieron un fuego, repartieron pan y queso de cabra, y llenaron sus copas con vino de Grecia.

-Amigos míos –dijo el más joven
-¿Sabéis, cómo me imagino el paraíso?

-Como un lugar con mujeres bellas, banquetes deliciosos y siestas profundas sin sobresaltos.
Al oír esto, el otro joven se entusiasmó y exclamó:

-Para mí, el paraíso es un lugar con una eterna primavera, ríos de agua cristalina y aldeas tranquilas, donde habitan los grandes hombres de la historia, con quienes se puede hablar y compartir la sabiduría, cada vez que a uno le plazca.

Luego le preguntaron al mayor, que había escuchado sonriente y en silencio el relato de sus compañeros de aventura, ¿cómo imaginaba el paraíso?

Con inmensa paz espiritual respondió:
-Yo me lo imagino como una planicie del monte Sinaí, donde tres buenos amigos se detienen, se sientan alrededor del fuego, saborean el pan y el queso, beben vino griego y hablan del Paraíso a la luz de las estrellas.

Tomado del libro, 
“Historias que hacen bien”
compilación de Daniel Colombo.

domingo, 28 de julio de 2013

Moviendo montañas


Había dos tribus guerreras en los Andes, una que vivía en el valle y otra en lo mas alto de las montañas. Un día los habitantes de las montañas invadieron las tierras del valle y, como parte del saqueo, raptaron a un bebé de  una de las familias del valle.
Los habitantes del valle no sabían como subir a la cima de la montaña. No conocían loa senderos que utilizan los habitantes de ese lugar, ni sabían donde encontrarlos o como perseguirlos en el escarpado terreno.
Aun así enviaron a sus mejores guerreros a escalar la montaña y traer al bebé de regreso.
Los hombres ensayaron un método de escalar y luego otro. Probaron una trocha y luego otra. Sin embargo, después de varios días de e esfuerzos solo habían conseguido avanzar unos pocos metros.
Desesperanzados e impotentes, los hombres del valle decidieron que su causa estaba perdida y se prepararon para regresar a su aldea.
Mientras empacaban su equipos para descender, vieron a la madre del bebé que bajaba de la montaña y llevaba a su bebé a la espalda. ¿Cómo era posible?.
Uno de los hombres saludo y le dijo: “Cómo pudiste escalar esta montaña si nosotros, los hombres más fuertes y capaces de la aldea no lo conseguimos?”
Se encogió de hombros y respondió: “Es que el bebé no era tuyo”

Autor:  Jim Stovall, 
de "Sopa de Pollo para 
el Alma de la Madre".

lunes, 27 de mayo de 2013

No te alejes


Un día el maestro preguntó:

- ¿Por qué grita la gente cuando está enojada?.

Los monjes pensaron

- Porque perdemos la calma - dijo uno de ellos, por eso gritamos.

- Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?

Nadie dijo nada, al final el maestro dijo:

- Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más alejados estarán, y más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro.

Luego el maestro preguntó:

- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?.

- Se hablan suavemente, porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, pues llegará un día en que la distancia sea tanta que no podrán encontrar el camino de regreso.






MEHER BABA
1894-1969
Indio maestro místico y espiritual

viernes, 1 de marzo de 2013

Te deseo lo suficiente


Hace poco tiempo cuando estaba en el aeropuerto escuché por casualidad a una madre e hija que se
estaban despidiendo. Cuando anunciaron la partida del vuelo ellas se abrazaron y la madre dijo:

- "Te amo y te deseo lo suficiente".

La hija respondió:

- "Madre, nuestra vida juntas ha sido más que suficiente. Tu amor es todo lo que he necesitado.
También te deseo lo suficiente". Ellas se saludaron con un beso y la hija partió.

La madre pasó muy cerca de donde yo estaba sentada y noté que ella necesitaba llorar.

Traté de no observarla para no invadir su privacidad, pero ella se dirigió hacia mí y me preguntó:

- "Alguna vez se ha despedido de alguien sabiendo que era para siempre?".

- Sí, lo he hecho - respondí. Perdón por preguntar - contesté -, pero ¿por qué esta despedida es para
siempre?

- Yo soy una mujer vieja y ella vive muy lejos de aquí. La realidad es que su próximo viaje será para mi
funeral, dijo.

- Cuando se despidió de ella escuché que le dijo "te deseo lo suficiente". ¿A qué se refiere?

Comenzó a sonreír. Eso es un deseo que hemos transmitido de generación en generación. Mis padres
solían decirlo. Ella hizo una pausa y miró hacia arriba como si tratara de recordarlo en detalle, luego
sonrió aún más.

- Cuando decimos "Te deseo lo suficiente", deseamos que la otra persona tenga una vida llena de sólo lo suficientemente bueno para vivir.

Entonces, dirigiéndose hacia mí, ella compartió lo siguiente como si lo estuviera recitando de memoria:

"Te deseo que tengas suficiente sol para mantener tu espíritu brillante",

"Te deseo suficiente lluvia para que aprecies aún más el sol" ,

"Te deseo suficiente felicidad para que tu alma esté viva"

"Te deseo suficiente dolor para que las pequeñas alegrías de la vida parezcan más grandes"

"Te deseo que tengas suficientes ganancias que satisfagan tus necesidades"

"Te deseo suficientes pérdidas para que aprecies todo lo que posees."

"Te deseo suficientes bienvenidas para que logres soportar las despedidas".

Luego ella comenzó a llorar y se alejó.

"Se dice que toma un minuto encontrar a una persona especial, una hora en apreciarla, un día para amarla, pero una vida para olvidarla.

Toma el tiempo necesario para vivir". 



A todos mis amigos y seres queridos,


LES DESEO LO SUFICIENTE!!!

Autor desconocido

sábado, 22 de diciembre de 2012

Esperando a Jesus



Era la noche de Navidad. Un ángel se apareció a una familia rica y le dijo a la dueña de la casa:

–Te traigo una buena noticia: esta noche el Señor Jesús vendrá a visitaros.

La señora quedó entusiasmada. Nunca había creído posible que en su casa pudiera acontecer tal milagro. Trató de preparar una cena excelente para recibir a Jesús: encargó pollos, carnes, conservas, vinos importados... También se preocupó de engalanar el salón con los mejores adornos y sudó lo suyo para que no quedara ni una sola mota de polvo sin limpiar.

De repente, sonó el timbre. Llamaba una mujer mal vestida, de rostro sufriente, con el vientre hinchado por un embarazo ya muy adelantado:

–Señora, ¿no tendría un trabajo para darme? Estoy desempleada y en gran necesidad –le dijo.

–Pero, ¿qué horas son éstas para venir molestando? ¡Vuelva otro día! –respondió airadamente la dueña de casa–. Ahora estoy muy ocupada preparando la cena para una importante visita.

Poco después, un hombre manchado hasta la cara de grasa llamó a la puerta:

–Señora, mi camión se ha parado aquí, en la esquina. ¿No tendrá por casualidad una caja de herramientas para poderme prestar?

La señora, ocupada como estaba limpiando los vasos de cristal y los platos de porcelana, se irritó muchísimo:

–¿Piensa usted que mi casa es un taller mecánico? ¿Dónde se ha visto importunar a la gente así? Por favor, ¡no ensucie mi entrada con esos pies inmundos!

La anfitriona continuó preparando la cena: abrió latas de caviar, puso champán en la nevera, dispuso con gusto un mantel de encaje... Mientras ultimaba los detalles, alguien batió sus palmas afuera, en el porche. «¿Será que ahora llega Jesús?», pensó emocionada. Con el corazón acelerado, fue a abrir la puerta. Pero no era Jesús. Era un niño de la calle, harapiento, que le pedía un plato de comida.

–¿Cómo te voy a dar, si todavía no hemos cenado? Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy atareada.

Al final, aquella elegante mujer logró tener a punto la cena. La familia en pleno esperaba emocionada la ilustre visita. Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no aparecía. Hasta que todos fueron vencidos por el sueño...

A la mañana siguiente, al despertar, la señora se encontró con espanto frente al ángel:

–¿Puede un ángel mentir? –gritó ella con indignación–. Lo preparé todo con esmero, aguardé toda la noche y Jesús no apareció. ¿A qué se debe esta broma pesada?

–No fui yo el que mintió; tampoco hubo ninguna broma –contestó el ángel sonriendo–. ¡Fuiste tú la que no tuvo ojos para ver! Y es que Jesús estuvo aquí, en tu casa, no una, sino tres veces: en la mujer encinta y desesperada, en el camionero necesitado de ayuda y en aquel niño hambriento. Pero tú, más preocupada por la elegancia de tu mesa y por la apariencia de tu casa, no fuiste capaz de reconocerlo ni de acogerlo.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El cofre de vidrio



Érase una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Había trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo habían dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar.

Las manos le temblaban tanto, que no podía enhebrar una aguja, y la visión se le había enturbiado demasiado para hacer una costura recta.

Tenía tres hijos varones, pero los tres habían crecido y se habían casado, y estaban tan ocupados con su propia vida que sólo tenían tiempo para cenar con su padre una vez por semana.
El anciano estaba cada vez más débil, y los hijos lo visitaban cada vez menos:
- No quieren estar conmigo ahora; se decía...
- Tienen miedo de que yo me convierta en una carga.

Se pasó una noche en vela pensando qué sería de él y al fin trazó un plan.

A la mañana siguiente, fue a ver a su amigo el carpintero y le pidió que le fabricara un cofre grande. Luego fue a ver a su amigo el cerrajero y le pidió que le diera un cerrojo viejo.
Por último, fue a ver a su amigo el vidriero y le pidió todos los fragmentos de vidrio roto que tuviera.
El anciano llevó el cofre a su casa, lo llenó hasta el tope de vidrios rotos, le echó llave y lo puso bajo la mesa de la cocina.

Cuando sus hijos fueron a cenar, lo tocaron con los pies, y mirando bajo la mesa preguntaron:
- ¿Qué hay en ese cofre?
El anciano respondió:
- ¡OH nada! Sólo algunas cosas que he ahorrado.

Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un tintineo. Debe estar lleno con el oro que ahorró a lo largo de los años susurraron.
Deliberaron y decidieron turnarse para vivir con el viejo, y así custodiar el "tesoro".

La primera semana el hijo menor se mudó a la casa del padre, lo cuidó y le cocinó.
A la semana siguiente, lo reemplazó el segundo hijo, y la semana siguiente acudió el hijo mayor.
Así siguieron por un tiempo.

Al fin el anciano padre enfermó y falleció. Los hijos le hicieron un bonito funeral, pues creían que una fortuna los aguardaba bajo la mesa de la cocina, y podían costearse un gasto grande con el viejo.
Cuando terminó la ceremonia, buscaron en toda la casa hasta encontrar la llave, y abrieron el cofre. Por cierto, lo encontraron lleno de vidrios rotos.

- ¡Qué triquiñuela tan infame! exclamó el hijo mayor ¡Qué crueldad para con sus hijos!
- ¿Pero, qué podía hacer? - preguntó tristemente el segundo hijo
- Seamos francos. De no haber sido por el cofre, lo habríamos descuidado hasta el final de sus días. Estoy avergonzado de mí mismo -sollozó el hijo menor
-. Obligamos a nuestro padre a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento que él nos enseñó cuando éramos pequeños.

El hijo mayor muy enojado, volcó el cofre para asegurarse de que no hubiera ningún objeto valioso oculto entre los vidrios, y los desparramó en el suelo hasta vaciar el cofre.

Los tres hermanos miraron silenciosamente dentro y leyeron una inscripción que el padre les había dejado en el fondo:
"Honrarás a tu padre y a tu madre"

Anónimo

domingo, 7 de octubre de 2012

ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA

Hubo en la carpintería una extraña asamblea; las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias.
El martillo fue el primero en ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar.
¿La causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando. El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.
El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.
La lija estuvo de acuerdo, con la condición de que fuera expulsado el metro, pues se la pasaba midiendo a los demás, como si el fuera perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo.
Al final, el trozo de madera se había convertido en un lindo mueble. Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación.
Dijo el serrucho:
_“Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes”.
La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto.Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano. 

Cuando el personal de un equipo de trabajo suele buscar defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio, al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, florecen los mejores logros. Es fácil encontrar defectos —cualquier necio puede hacerlo—, pero encontrar cualidades es una labor para los espíritus superiores que son capaces de inspirar el éxito de los demás.

martes, 29 de mayo de 2012

Comparte tu maíz



En cierta ocasión, un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que ganaba el concurso al mejor producto, año tras año. El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos.
_"¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año?" preguntó el reportero.
_"Verá usted, señor," dijo el agricultor.
_"El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembradío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz debo ayudar a que mi vecino también lo haga".
Lo mismo es con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el éxito, deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito. Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos.
Proverbio chino
Ama como nunca has querido
no desprecies la amistad de tus amigos.
vive los días con fe, amor y paz,
trabaja como si no necesitaras el dinero.
y baila como si nadie te viera.

sábado, 21 de abril de 2012

LA CARRERA DE LOS SAPOS



Era una vez una corrida... ¡De sapos!

El objetivo era llegar a lo alto de una gran torre.
Había en el lugar una gran multitud.
Mucha gente para vibrar y  gritar por ellos.
Comenzó la  competencia.
Pero como  la multitud no creía que pudieran alcanzar la cima de aquella torre,  lo que más se escuchaba era:
"¡Que pena! esos sapos no lo van a conseguir... No lo van a conseguir..."
Los sapitos comenzaron a  desistir.
Pero  había uno que persistía y continuaba subiendo en busca de la cima.
La multitud continuaba gritando "... ¡que pena!  no lo van  a conseguir!..."
Y los sapitos estaban dándose por  vencidos.
Salvo por aquel sapito que seguía y seguía tranquilo y ahora cada vez con más y más fuerza.
Cuando estaban llegando el final de  la competición todos desistieron, menos ese sapito que curiosamente en contra de todos, seguía.
Finalmente llegó a la cima con todo su esfuerzo.
Los otros querían saber qué le había pasado.
Un sapito le fue a preguntar como él había conseguido concluir la prueba.
Y descubrieron que era sordo.
No permitas que personas con el pésimo hábito de ser negativos derrumben las mejores y  más sabias esperanzas de tu corazón.
Recuerda siempre el poder que tienen las palabras que escuchas.
Por lo tanto, preocúpate siempre en ser POSITIVO.
Resumiendo: Se siempre "sordo" cuando alguien te dice que no  puedes realizar tus sueños

Desconozco su autor

martes, 14 de febrero de 2012

UN RELATO SOBRE AMOR


Se trata de dos hermosos jóvenes que se pusieron de novios cuando ella tenía trece y él dieciocho. Vivían en un pueblito de leñadores situado al lado de una montaña. Él era alto, esbelto y musculoso, dado que había aprendido a ser leñador desde la infancia. Ella era rubia, de pelo muy largo, tanto que le llegaba hasta la cintura; tenía los ojos celestes, hermosos y maravillosos..

La historia cuenta que habían noviado con la complicidad de todo el pueblo.

Hasta que un día, cuando ella tuvo dieciocho y él veintitrés, el pueblo entero se puso de acuerdo para ayudar a que ambos se casaran.

Les regalaron una cabaña, con una parcela de árboles para que él pudiera trabajar como leñador. Después de casarse se fueron a vivir allí para la alegría de todos, de ellos, de su familia y del pueblo, que tanto había ayudado en esa relación.

Y vivieron allí durante todos los días de un invierno, un verano, una primavera y un otoño, disfrutando mucho de estar juntos. Cuando el día del primer aniversario se acercaba, ella sintió que debía hacer algo para demostrarle a él su profundo amor. Pensó hacerle un regalo que significara esto. Un hacha nueva relacionaría todo con el trabajo; un pulóver tejido tampoco la convencía, pues ya le había tejido pulóveres en otras oportunidades; una comida no era suficiente agasajo...
Decidió bajar al pueblo para ver qué podía encontrar allí y empezó a caminar por las calles. Sin embargo, por mucho que caminara no encontraba nada que fuera tan importante y que ella pudiera comprar con las monedas que, semanas antes, había ido guardando de los vueltos de las compras pensando que se acercaba la fecha del aniversario.

Al pasar por una joyería, la única del pueblo, vio una hermosa cadena de oro expuesta en la vidriera. Entonces recordó que había un solo objeto material que él adoraba verdaderamente, que él consideraba valioso. Se trataba de un reloj de oro que su abuelo le había regalado antes de morir. Desde chico, él guardaba ese reloj en un estuche de gamuza, que dejaba siempre al lado de su cama. Todas las noches abría la mesita de luz, sacaba del sobre de gamuza aquel reloj, lo lustraba, le daba un poquito de cuerda, se quedaba escuchándolo hasta que la cuerda se terminaba, lo volvía a lustrar, lo acariciaba un rato y lo guardaba nuevamente en el estuche.

Ella pensó: "Que maravilloso regalo sería esta cadena de oro para aquel reloj." Entró a preguntar cuánto valía y, ante la respuesta, una angustia la tomó por sorpresa. Era mucho más dinero del que ella había imaginado, mucho más de lo que ella había podido juntar. Hubiera tenido que esperar tres aniversarios más para poder comprárselo. Pero ella no podía esperar tanto.

Salió del pueblo un poco triste, pensando qué hacer para conseguir el dinero necesario para esto. Entonces pensó en trabajar, pero no sabía cómo; y pensó y pensó, hasta que, al pasar por la única peluquería del pueblo, se encontró con un cartel que decía: "Se compra pelo natural". Y como ella tenía ese pelo rubio, que no se había cortado desde que tenía diez años, no tardó en entrar a preguntar.


El dinero que le ofrecían alcanzaba para comprar la cadena de oro y todavía sobraba para una caja donde guardar la cadena y el reloj. No dudó. Le dijo a la peluquera:
- Si dentro de tres días regreso para venderle mi pelo, ¿usted me lo compraría?
- Seguro - fue la respuesta.
- Entonces en tres días estaré aquí.

Regresó a la joyería, dejó reservada la cadena y volvió a su casa. No dijo nada.

El día del aniversario, ellos dos se abrazaron un poquito más fuerte que de costumbre. Luego, él se fue a trabajar y ella bajó al pueblo.

Se hizo cortar el pelo bien corto y, luego de tomar el dinero, se dirigió a la joyería. Compró allí la cadena de oro y la caja de madera. Cuando llegó a su
casa, cocinó y esperó que se hiciera la tarde, momento en que él solía regresar.

A diferencia de otras veces, que iluminaba la casa cuando él llegaba, esta vez ella bajó las luces, puso sólo dos velas y se colocó un pañuelo en la cabeza. Porque él también amaba su pelo y ella no quería que él se diera cuenta de que se lo había cortado. Ya habría tiempo después para explicárselo.

Él llegó. Se abrazaron muy fuerte y se dijeron lo mucho que se querían. Entonces, ella sacó de debajo de la mesa la caja de madera que contenía la cadena de oro para el reloj. Y él fue hasta el ropero y extrajo de allí una caja muy grande que le había traído mientras ella no estaba. La caja contenía dos enormes peinetones que él había comprado... vendiendo el reloj de oro del abuelo.

Si ustedes creen que el amor es sacrificio, por favor, no se olviden de esta historia. El amor no está en nosotros para sacrificarse por el otro, sino para disfrutar de su existencia.

Jorge Bucay, "26 cuentos para pensar"

sábado, 28 de enero de 2012

EL ECO DE LA VIDA



Un niño y su padre caminaban entre las montañas. De repente, el hijo tropezó y cayó al suelo gritando Aaahhh!
Para su sorpresa, oyó una voz a lo lejos que gritaba como él.

Con curiosidad el niño preguntó: ¿Quién está ahí?
¿Quién está ahííí…? Le respondieron.

Molesto con la respuesta, el niño gritó: ¡Cobarde! Pero le respondieron de la misma manera: ¡Cobardeee…!

El niño desconcertado le preguntó a su padre: -¿Qué sucede papá?
El padre, sonriendo le dijo: Hijo mío, presta atención.

Se levantó y dirigiéndose a la montaña, gritó: ¡Te admiro!
La voz respondió: ¡Te admirooo...!
Volvió a gritar: ¡Eres un campeón!
Y la voz le respondió: ¡Eres un campeónnn...!

El niño estaba asombrado y no entendía. Se llama Eco, le explicó el padre, aunque en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces. Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones.

Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor. Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean. Si quieres recibir una sonrisa, sonríe a los que conoces.

Esta relación se aplica a todos los aspectos de la vida. La vida te dará de regreso, exactamente aquello que tú le has dado. Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo tuyo.

Alguien dijo: Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estás dando...

Aprendí y decidí... Y así después de tanto esperar, un día como cualquier otro decidí triunfar... y decidí no esperar que llegaran las oportunidades, sino salir yo mismo a buscarlas.

Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución, decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis, decidí ver cada noche como un misterio a resolver, decidí ver cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival eran mis propias debilidades, y que en ellas mismas está la única y mejor forma de superarnos. Aquel día dejé de tenerle miedo a fallar, o perder y empecé a tenerle miedo a no intentar ganar. Descubrí que yo no era el mejor y que quizá nunca lo fui, me dejó de importar quién ganaba o perdía, ahora lo único que me importa es simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir. No llegar a una posición, sino mantenerme.

Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener es el derecho a llamar a alguien "Amigo".

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, el amor es una manera de vivir.

Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas... aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad, desde aquel día ya no duermo para descansar...ahora duermo para soñar.

Desconozco su autor

viernes, 20 de enero de 2012

EL COLLAR DE TURQUESAS



Detrás del mostrador el hombre miraba distraídamente hacia la calle mientras una chiquilla se aproximaba al local.
Ella aplastó su naricita contra el vidrio de la vidriera, y sus ojos color de cielo brillaron cuando vio determinado objeto.

Entró en el local y pidió ver el collar de turquesas azules y le dijo al vendedor:
_Es para mi hermana. ¿Podría hacerme un lindo paquete?

El dueño del local miró a la chica con desconfianza y le preguntó:
_ ¿Cuánto dinero tienes?
Sin alterarse ella sacó de su bolsillo un atadito y fue deshaciendo los nudos. Colocó un sobre el mostrador y dijo:
_ ¿Esto alcanza o no?

Ella mostraba orgullosa algunas monedas.
_Sabe -continuó- quiero regalarle esto a mi hermana mayor. Desde que nuestra madre murió ella me cuida y no tiene tiempo para ella .Hoy es su cumpleaños y estoy segura que estará feliz con el collar, que es del color de sus ojos.

El hombre se fue para adentro, colocó el collar en un estuche, lo envolvió con un papel rojo e hizo un hermoso moño con una cinta azul.

_Toma -le dijo a la chiquita- Llévalo con cuidado.
Ella se fue feliz saltando calle abajo. Todavía no había terminado el día cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio.
Colocó sobre el mostrador el paquete desenvuelto y preguntó:

_ ¿Este collar fue comprado aquí?
_Sí señora- respondió el dueño del local.

_ ¿Cuánto costó?
_Ah! -dijo el dueño- el precio de cualquier objeto en mi negocio es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente.

_Pero mi hermana sólo tenía algunas monedas. Este collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría el dinero para pagarlo.
El hombre tomó el estuche, re hizo el envoltorio y con mucho cariño colocó la cinta diciendo:
_Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar. Ella dio todo lo que tenía.

El silencio llenó el pequeño local y lágrimas cayeron por el rostro de la joven, mientras sus manos tomaban el paquete.

“La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones”.

Desconozco su autor

domingo, 15 de enero de 2012

LA LECCIÓN DE LA MARIPOSA


Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo; un hombre se sentó y observó a la mariposa por varias horas, mientras ella se esforzaba para hacer que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero. En tanto, parecía que ella había dejado de hacer cualquier progreso. Parecía que había hecho todo lo que podía, pero no conseguía agrandarlo. Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: el tomó una tijera y abrió el capullo. La mariposa pudo salir fácilmente, pero su cuerpo estaba marchito, era pequeño y tenía las alas arrugadas.
El hombre siguió observándola porque esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrieran y estirasen para ser capaces de soportar el cuerpo, y que éste se hiciera firme.
Nada aconteció! En verdad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo marchito y unas alas encogidas. Ella nunca fue capaz de volar.
Lo que el hombre, en su gentileza y su voluntad de ayudar no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era la forma en que Dios hacía que el fluido del cuerpo de la mariposa, fuese a sus alas, de tal modo que ella estaría lista para volar, una vez que se hubiese liberado del capullo.
Algunas veces, el esfuerzo es exactamente lo que necesitamos en nuestra vida. Si Dios nos permitiese pasar por nuestras vidas sin encontrar ningún obstáculo, nos dejaría limitados. No lograríamos ser tan fuertes como podríamos haber sido. Nunca podríamos volar.

Pedí fuerza... y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte.
Pedí sabiduría... y Dios me dio problemas para resolver.
Pedí prosperidad... y Dios me dio cerebro y músculos para trabajar.
Pedí valor... y Dios me dio obstáculos para superar.
Pedí amor... y Dios me dio personas con problemas a las cuales ayudar.
Pedí favores... y Dios me dio oportunidades.

Yo no recibí nada de lo que pedí...
Pero he recibido todo lo que necesitaba.
Vive la vida sin miedo, enfrenta todos los obstáculos y demuestra que puedes superarlos.

Desconozco su autor

viernes, 30 de diciembre de 2011

UN AÑO NUEVO

Dicen que cuando se acerca fin de año los ángeles curiosos se sientan al borde de las nubes a escuchar los pedidos que llegan desde la tierra.
- ¿Qué hay de nuevo? -pregunta un ángel pelirrojo, recién llegado.
- Lo de siempre: amor, paz, salud, felicidad…- contesta el ángel más viejo.
- Y bueno, todas esas son cosas muy importantes.
- Lo que pasa es que hace siglos que estoy escuchando los mismos pedidos y aunque el tiempo pasa los hombres no parecen comprender que esas cosas nunca van a llegar desde el cielo, como un regalo.
- ¿Y qué podríamos hacer para ayudarlos? – Dice el más joven y entusiasta de los ángeles.
- ¿Te animarías a bajar con un mensaje y susurrarlo al oído de los que quieran escucharlo? – pregunta el anciano.
Tras una larga conversación se pusieron de acuerdo y el ángel pelirrojo se deslizó a la tierra convertido en susurro y trabajó duramente mañana, tarde y noche, hasta los últimos minutos del último día del año.
Ya casi se escuchaban las doce campanadas y el ángel viejo esperaba ansioso la llegada de una plegaria renovada. Entonces, luminosa y clara, pudo oír la palabra de un hombre que decía:
- "Un nuevo año comienza. Entonces, en este mismo instante, empecemos a recrear un mundo distinto, un mundo mejor:
sin violencia, sin armas, sin fronteras, con amor, con dignidad; con menos policías y más maestros, con menos cárceles y más escuelas, con menos ricos y menos pobres.
Unamos nuestras manos y formemos una cadena humana de niños, jóvenes y viejos, hasta sentir que un calor va pasando de un cuerpo a otro, el calor del amor, el calor que tanta falta nos hace.
Si queremos, podemos conseguirlo, y si no lo hacemos estamos perdidos, porque nadie más que nosotros podrá construir nuestra propia felicidad".

Desde el borde de una nube, allá en el cielo, dos ángeles cómplices sonreían satisfechos.

Del libro: "Cuentos para Niños de 8 a 108 II" – Pancho Aquino (Poeta y escritor argentino)

Contame un Cuento... les desea un muy Feliz 2012 lleno de LUZ que ilumine sus caminos, SABIDURÍA para elegir el correcto, SALUD para ganarle a los obstáculos, AMOR para recorrerlo más fácil, y FELICIDAD para hacerlo con optimismo. A todos los que han pasado, pasan y pasarán por aquí mis mejores deseos y un agradecimiento muy grande para que este espacio tenga sentido, y para él deseo que en este año podamos ser muchos más los que nos encontremos por aquí con más frecuencia. Con todo mi corazón Graciela

martes, 6 de diciembre de 2011

LA HUMILDAD DE LA RANA




Una rana se preguntaba cómo podía alejarse del clima frío del invierno.

Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana no sabía volar.

"Déjenmelo a mí - dijo la rana -. Tengo un cerebro espléndido".

Luego pidió a dos gansos que la ayudaran a recoger una caña fuerte, cada uno sosteniéndola por un extremo. La rana pensaba agarrarse a la caña por la boca.


A su debido tiempo, los gansos y la rana comenzaron su travesía. Al poco rato pasaron por una pequeña ciudad, y los habitantes de allí salieron para ver el inusitado espectáculo.

Alguien preguntó: "¿A quién se le ocurrió tan brillante idea?"

Esto hizo que la rana se sintiera tan orgullosa y con tal sentido de importancia, que exclamó: "¡A mí...!"

Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrió la boca, se soltó de la caña, cayó al vacío, y murió.

Hay ocasiones en que la falta de humildad o el exceso de orgullo, pueden echar abajo los planes más excelentes.

sábado, 19 de noviembre de 2011

ILUMINA A LOS DEMÁS

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.

La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: - Que haces Guno, tu ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves…

Entonces, el ciego le responde: – Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí…

No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella. Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite. Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil… Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás… Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento…

Que hermoso seria si todos ilumináramos los caminos de los demás!

jueves, 27 de octubre de 2011

LA GALLINA Y LOS PATITOS


Había una vez una pata que había puesto cuatro huevos...

Mientras los empollaba, un zorro atacó el nido y la mató.

Por alguna razón no llegó a comerse los huevos antes de huir, pero estos quedaron abandonados en el nido.

Una gallina clueca que pasó por allí, encontró el nido sin cuidados y su instinto la hizo sentarse sobre los huevos para empollarlos.

Poco después nacieron los patitos y, como era lógico, tomaron a la gallina como su madre y caminaron en fila tras ella.

La gallina contenta con su nueva cría, los llevó hasta la granja..Todas las mañanas después del canto del gallo, mamá gallina rascaba el piso y los patos se esforzaban por imitarla.

Cuando los patitos no conseguían arrancar de la tierra un mísero gusano, la mamá sacaba para todos sus polluelos, partía cada lombriz en pedazos y alimentaba a sus hijos en sus propios picos.

Un día, como otros, la gallina salió a pasear con su nidada por los alrededores de la granja. Sus pollitos, disciplinadamente, la seguían en fila.

Pero de pronto, al llegar al lago, los patitos de un salto se zambulleron con naturalidad en la laguna, mientras la gallina cacareaba desesperada pidiéndoles que salieran del agua.

Los patitos nadaban alegres chapoteando y su mamá saltaba y lloraba temiendo que se ahogaran.

El gallo apareció por los gritos de la madre y se percató de la situación.

—No se puede confiar en los jóvenes –fue su sentencia— son unos imprudentes.

Uno de los patitos que escuchó al gallo, se acercó a la orilla y les dijo:

—No nos culpen a nosotros por sus propias limitaciones.

No pienses que la gallina estaba equivocada.
No juzgues tampoco al gallo.
No creas a los patos prepotentes y desafiantes.
Ninguno de estos personajes está equivocado, lo que sucede es que ven la realidad desde miradores distintos.
Es único error,
casi siempre,
es creer que el mirador en que estoy,
es el único desde el cual ser divisa la verdad.


Jorge Bucay de Recuentos para Demián

domingo, 16 de octubre de 2011

MAMÁ MUERE SOLO CUANDO ELLA QUIERE

"Generalmente, las madres, más que amar a los hijos, se aman en los hijos”
(Friedrich Nietzsche)

Yo tenía 6 años cuando maté a mi mamá por primera vez. No quería que estuviera junto a mí en mi 1º día de clase. Me consideraba lo suficientemente fuerte para enfrentar los desafíos que la nueva vida me traería.
Pocas semanas después descubrí aliviado que ella aún estaba allí, lista para defenderme de los compañeros agresivos que me amenazaban, y para auxiliarme frente a las dificultades de mis primeras cuentas.
A los 14 años la maté nuevamente. No la quería imponiéndome reglas o límites, ni que me impidiera vivir la plenitud de los vuelos juveniles. Pero enseguida, con la primera borrachera, felizmente la redescubrí viva, fue cuando ella no solo me curó de la resaca, sino que también impidió la vergonzosa regañina que recibiría de mi padre.
A los 18 años pensé que mataría a mi madre definitivamente, sin chances para la resurrección. Había entrado a la facultad, me había mudado a la capital, hacía política estudiantil, actividades en que la presencia materna no cabía en ninguna hipótesis. Ingenuo engaño.
Cuando me descubrí confundido sobre qué rumbo seguir, volví a la casa materna, único espacio posible de guarida y comprensión.
A los 23 años me di cuenta que la muerte materna era posible, solo requería lentitud...
Fue cuando me casé, planté bandera de independencia y seguí viaje. Bastó el ver nacer a mi primera hija, para descubrir que ese ser llamado madre se transformaría en un espécimen aún más vigoroso llamado abuela. Para quien aún no vivió la experiencia, abuela es madre en dosis doble...
A pesar de todo continué creyendo en la tesis de la muerte lenta y demorada, y de a poco me fui sintiendo más distante y autónomo, aun cuando a intervalos regulares ella reapareciese en mi vida desempeñando papeles importantes y únicos, papeles que solamente ella podría protagonizar...
Pero el final de esa historia, al contrario de lo que siempre imaginé, fue ella quien la definió:
Cuando menos lo esperaba, ella decidió partir. Así, sin más, sin pedir permiso, sin hora marcada u ocasión para la despedida. Simplemente se fue, dejando la lección: "Las madres son para siempre".
Al contrario de lo que siempre imaginé, son ellas quienes deciden cuanto esta eternidad puede durar en la vida, y cuanto queda relegado para el etéreo terreno de la nostalgia...
(Autor desconocido)

No sé... Si la vida es corta o demasiado larga para nosotros, solo sé que debemos demostrar nuestro amor a las personas, mientras ellas están por aquí...
Nunca sabremos cuando van a partir y el vacío que queda, nunca conseguiremos llenarlo...
Para quien aún la tiene a la madre su lado, que la ame y para quien ya no la tiene que guarde su recuerdo en el más precioso de los baúles...
Donde quiera que esté, sabemos que ella siempre estará con nosotros... llorará cuando llores... sonreirá cuando sonrías... velará por tu sueño, como lo hacía cuando eras un niño...
No esperes su partida para darle AMOR.
Descubrirás un día que la persona que más te amó en la vida sin condiciones fue ella, desde que surgiste en esta vida...

FELIZ DÍA DE LA MADRE!!

miércoles, 12 de octubre de 2011

PAPAS EN LA MOCHILA

Un día el maestro nos pidió de tarea que lleváramos papas crudas y una bolsa de plástico.
Nos dijo que pusiéramos en la bolsa plástica una papa por cada persona a la que guardáramos resentimiento y escribiéramos su nombre en ella.
Nos pidió que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas en la mochila.
¡Algunas bolsas eran realmente pesadas!
Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo.
El fastidio de acarrear esa bolsa a todo momento me demostró claramente el peso que cargaba a diario en mi corazón y en mi vida debido al resentimiento.
También aprendí como, mientras ponía atención en ella para no olvidarla desatendía cosas que eran más importantes para mí.
Este ejercicio me hizo pensar sobre el precio que pagaba por no perdonar algo que ya había pasado y no podía cambiarse.
Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro, sin damos cuenta que los primeros beneficiados somos nosotros mismos.
Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra "mochila" sentimental.
La falta de perdón es como un veneno que tomamos diariamente a gotas pero que finalmente nos termina envenenando.
Muchas veces al primero que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron como hubieras querido que fuesen.
El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.
No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes.
Perdonar no significa de dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó.
Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que causaron dolor o enojo.
El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó.
El perdón rompe las cadenas y te hace verdaderamente libre.
¡Decídete hoy mismo a perdonar!
"Perdonar es le valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar".
Gandhi