Este pequeño cuento resume el porque de la creación de este blog. Con mucho cariños les doy la BIENVENIDA a todo aquel que lo visite y quiera quedarse, que lo disfruten. Graciela

"A las puertas del cielo llegaron un día cinco viajeras
- ¿Quienes son Ustedes? les preguntó el guardián del cielo.
- Somos - Contestó la primera - LA RELIGIÓN
- LA JUVENTUD...- dijo la segunda
- LA COMPRENSIÓN...- dijo la tercera
- LA INTELIGENCIA... - dijo la siguiente
- LA SABIDURÍA - dijo la última
- Identifíquense!! - ordenó el carcerbero
Y entonces...
La religión se arrodilló y oró. La juventud se rió y cantó. La comprensión se sentó y escuchó. La inteligencia analizó y opinó. Y la sabiduría... contó un cuento."


(tomado de una idea de Anthony de Mello, modificada por Jorge Bucay)


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miércoles, 22 de junio de 2011

TU ROSTRO HABLA POR TI

Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa.

El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subirlas se encontró con una puerta semiabierta, lentamente se adentró al cuarto. Para su sorpresa se dió cuenta que dentro de ese cuarto había mil perritos más, observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos. El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco. Los mil perritos hicieron lo mismo. Posteriormente sonrió y ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los mil perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él. Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para sí mismo:
¡Qué lugar tan agradable. Voy a venir más seguido a visitarlo!

Tiempo después otro perrito callejero entró al mismo sitio y entró al mismo cuarto. Pero este perrito al ver a los otros mil perritos del cuarto, se sintió amenazado, ya que lo estaban mirando de una manera agresiva. Posteriormente empezó a gruñir, obviamente vió como los mil perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros mil perritos le ladraron también a él. Cuando este perrito salió del cuarto pensó:

¡Qué lugar tan horrible es este. Nunca más volveré a entrar aquí!

En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: "La casa de los mil espejos."

Todos los rostros del mundo son espejos... Decide cuál rostro llevarás por dentro y ése será el que mostrarás. El reflejo de tus gestos y acciones es el que proyectas ante los demás.

"Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan, solo se sienten en el corazón."

-Autor desconocido
Cuento enviado por Judith a través de "Enviame tu cuento"

domingo, 5 de junio de 2011

EL MILAGRO DE LA VIDA

Escrito por Lodetti Simone enviado a través de Enviame un cuento...


Fue entonces, después de tanta espera, al ver que ya, nadie volvería a recogerlo, que el gigante, así llamado por su gran tamaño, declaró:
–Pues, es la hora de partir, y me iré por mi cuenta.
Había quedado solo. Todos sus amigos habían sido elegidos y llevados. Todos tenían los requisitos, salvo él.
–Éste no es bueno para nada –se oyó decir brutalmente.
Pero él, aunque humillado tan pesadamente, se quedó firme, recto, como siempre. Ni una lágrima soltó. Un solo respingo después de varios meses, y una decisión.
–Me voy –dijo con tono resuelto.
– ¿Y adónde vas? –preguntó el pequeñito que estaba a sus pies mirándolo fijo.
–No sé. Aún no lo sé. Pero quiero irme de aquí. Quiero ver el mundo. Mis amigos ya se han ido, ¿y yo qué espero? Nadie vendrá a recogerme.
El pequeñito entonces, desde lo bajo de su metro de altura, y el alto valor de su cultura, intentó animarlo.
–Puede que tus amigos no estén tan genial como crees.
–Por supuesto –dijo él - pero si fuese así, los primeros que se fueron habrían vuelto ya.
–Claro, tal vez lo habrían hecho, pero tal vez no le fue permitido, ¿quién sabe?
– ¿Permitido?, ¿qué quieres decir con esto? –contestó el gigante.
–Que uno no puede elegir el destino a su gusto, sin embargo, uno puede aprender a contentarse y alegrarse de lo que la vida le entregue, y un día por cierto, algo especial escondido en su interior le recompensará. Sólo hay que esperar, con humildad. No pienses en los demás. Quédate otro tiempo. Después, ¿de qué te quejas? Aquí lo tienes todo. Este río es estupendo. A mí me gusta. Mira qué precioso. Pasa de todo flotando por sus aguas. Es muy entretenido observarlo. Fíjate en ello. Mira qué silla tan bonita, ¿no te gusta? Y más allá: un lavabo, muy divertido ¿verdad? Y tú, ¿qué opinas?, ¿no te parece un encanto?
–No, me parece un asco. El río no está hecho para tirar cualquier cosa.
–Por cierto –contestó satisfecho el pequeñito - el río no es lugar para la basura, pero éste, en cambio, es el tuyo, y no lo sabes apreciar. Piénsalo bien. Mira el sol por ejemplo: siempre está ahí, el cielo es su lugar, él lo sabe, y lo aprecia, es su destino. Mira lo hermoso que es. Es un placer quedarse bajo su luz. Él sabe cuán importante es su presencia para nosotros. Él sabe quién es. Es el sol, y eso lo hace feliz. Tu eres un árbol, y yo un matorral, sólo un simple matorral. Un ser inferior, diría alguien, pero yo no me siento así. Cuando una liebre en peligro se esconde en mis hojas, por ejemplo, y se siente al seguro, pues, yo me siento grande, importante... Me siento feliz, y tú también deberías sentirte tan dichoso como yo, porque tú eres un magnífico árbol, y aunque no puedas andar por el mundo como quieras, el mundo depende de ti, el aire depende de ti, los pájaros descansan sobre ti. Tú eres importante, así como eres, no importa ! donde, compréndelo: sé un árbol, y sé feliz.
El gigante guardó silencio, y durante mucho tiempo, incluso los pájaros se quedaron a distancia. Ni siquiera el pensamiento le distrajo un momento, hasta que un día, finalmente, comprendió, y despertó de su ignorancia. Y cuando eso ocurrió, fue maravilloso; las ramas en él se multiplicaron, y miles de hojas las vistieron. Por primera vez disfrutaba agradecido de las caricias del viento, y se alegraba de que los pájaros juguetearan con sus ramas. A su alrededor todo rebosaba de alegría. Incluso el sol participaba con su energía. Por fin se sentía afortunado, por haber sido descartado un tiempo, por haber sido abandonado en este lugar, donde fue testigo del milagro de la vida, donde nació y creció, y despertó su verdadero ser. Y por fin el gigante se dio cuenta, que no necesitaba ningún lugar particular, y ni siquiera ser aceptado por un hombre cualquiera. Él sólo tenía que comprender lo que era importante de verdad. Así se transformó, y encontró la paz! y la felicidad.

miércoles, 11 de mayo de 2011

La orgullosa fortuna de un hombre pobre

El tipo todavía tenía la mirada perdida. Sentado en un banco de plaza con la cabeza en alto, desafiaba la suave brisa que lo encaraba de frente. Entre sus manos sostenía un fajo de billetes que flameaba como si se tratase de simples panfletos de pizzería. El resto del dinero, también a la vista de cualquier transeúnte, se transparentaba en una precaria bolsita de nailon.
Aún así, éste seguía mirando su entorno con desconsuelo. Los edificios y la plaza habían cambiado con tal sutileza a través de los años que el paisaje lo tenía acostumbrado; pero con la gente no era lo mismo. Los nuevos tiempos corrían a merced de otros códigos y la falta de cortesía, respeto, maltrato e indiferencia que había estado recibiendo por su condición de hombre pobre, le resultaba extenuante y arrebataba la poca pasión que lo aferraba a la vida. Tiempo atrás, dicha pasión estaba intacta, resguardada por la mujer que amaba y lo incentivaba a diario para reponerse de los fallidos intentos por salir adelante.
Siempre siguiendo los pasos rectos de su familia, se convirtió en el hombre fiel, honesto y trabajador que pudo haber enorgullecido al ser más exigente y riguroso. Pero para ella no fue suficiente y, cegada por la codicia natural que caracteriza a nuestra raza, lo abandonó por un muchacho de clase media que pudo ofrecerle un futuro financiero estable. Descubrió entonces que se había topado con una de las más crueles limitaciones del hombre pobre y no pudo soportarlo. En un arrebato de locura, emprendió una extravagante forma de cambiar su vida. Vendió indiscriminadamente todas sus pertenencias, de lo inútil a lo más indispensable. Le llevó casi un año deshacerse de todo. Lo último fue la precaria casilla, mitad material, mitad madera en la que había crecido. Después de eso quedó en la calle con lo puesto y una caja de zapatos a modo de alcancía que contenía el dinero suficiente para comprar otra casilla y seguir viviendo como pobre y, obviamente, esa no ! era su idea.
Caminó con la caja de zapatos bajo el brazo las diecisiete cuadras que lo separaban del hipódromo y una vez instalado en las gradas, miró carrera tras carrera amagando cada tanto con levantarse y apostar. Los nervios terminarían matándolo si no se decidía pronto. Leía los nombres de cada equino esperando una suerte de señal divina que lo alentara a jugarse hasta el último centavo. Sus manos temblaban y sudaban tanto que cada tanto las metía en los bolsillos para secarse esa fría transpiración. A veces se le cruzaba por la cabeza retirarse e invertir el dinero de forma más sensata… el emprendimiento de un negocio por ejemplo. Pero ya estaba ahí, era todo o nada. Terminando la quinta carrera, momento en que la duda lo tenía acorralado, apareció la señal… se llamaba “Anahí”. La yegua no sólo pagaba bien, sino también se llamaba como la mujer que inesperadamente lo dejó solo marcando el rumbo de su vida.
Horas más tarde, ahí se encontraba el tipo, en el banco de la plaza, en completa soledad, mirando el paisaje desde la perspectiva de un hombre adinerado… mas no afortunado ni mucho menos feliz, pues entendió que la riqueza no estaba entre sus manos, sino en sus principios. Conservar intacta la dignidad y la honestidad era lo único necesario para conseguir el respeto que creía merecer más allá de su condición. De otra manera terminaría compartiendo el camino de mezquindad con quienes lo habían estado marginando. Tendría que esforzarse por sus logros. Esas habían sido reglas básicas de su humilde familia y él no quería ser la excepción.
Minutos más tarde, el tipo se alejó del banco con el rostro lleno de paz. Sabiéndose capaz de recuperar las virtudes que enorgullecían, dejó que la suave brisa se encargase de esparcir el dinero por la plaza…

Ivan Augusto Abbate a través de "Enviame tu cuento" 

sábado, 3 de julio de 2010

ACTITUD


Una mujer muy sabia se despertó una mañana, se miró al espejo, y notó que tenía solamente tres cabellos en su cabeza. “Hmmm” pensó, “Creo que hoy me voy a hacer una trenza”. Así lo hizo y pasó un día maravilloso.


El siguiente día se despertó, se miró al espejo y vió que tenía solamente dos cabellos en su cabeza. Hummm dijo, “Creo que hoy me peinaré de raya en medio” . Así lo hizo y paso un día grandioso.

El siguiente día cuando despertó, se miró al espejo y notó que solamente le quedaba un cabello en su cabeza. “Bueno” ella dijo, “ahora me voy a hacer una cola de caballo.” Así lo hizo, y tuvo un día muy, muy divertido.

A la mañana siguiente cuando despertó, corrió al espejo y enseguida notó que no le quedaba un solo cabello en la cabeza. “Qué Bien!’ exclamó. “¡Hoy no voy a tener que peinarme!”.

♥ Todo depende de la actitud... Si enfocas tu vida en lo hermoso y positivo que tienes harás de tu existencia una alabanza... Pero si constantemente estás enfocada en las cosas negativas es lógico que te vuelvas un ser amargado...♥

Enviado por Patricia Marcela López, amiga por Facebook. Gracias!!

viernes, 12 de marzo de 2010

CUANDO ARREGLEN LOS TRANVÍAS

Un recuerdo de mi niñez, mi abuelo, su recuerdo y el paso del tiempo,
tal vez en un rinconcito de mi alma sigo esperando que arreglen los tranvías,
con nostalgia, cuando me trasladaba en tranvías en Milan, recordaba esta parte de mi niñez,lo comparto:

Cuando murió mi abuelo yo tenía 3 años y 8 meses exactamente.
Tengo recuerdos fugaces, como diapositivas que van pasando, una imagen congelada, un gesto, un entorno.
Sentados en el umbral de casa, mirando hacia la calle, clic, foto.
El abuelo en la cama, con el tubo de oxígeno a su lado,clic, foto.
El abuelo yendo a buscar algo y yo siguiéndolo, clic, foto.
Esa costumbre, algo tétrica, de velar a los muertos en la propia casa, y no en una casa velatoria, recuerdo una habitación sin los muebles habituales, ahora ocupada por el “cajón de muertos” como lo llamaba yo, al ataúd.

Flores, coronas alrededor, sillas dispersas ocupadas, gente parada, mucha gente en casa, toda la familia junta, Mi abuela sentada al lado, con ambas manos sobre su cara, sin poder contener su llanto. Me impresionó, no la muerte, sino a mi abuela envuelta en llanto. Jamás la había visto así.
El abuelo yacía tranquilo, calmo, no me dio miedo, lo miraba con curiosidad, esa forma extraña de dormir sin regreso. Incomprensible para mi edad. Click, otra foto.

Y las anécdotas que me han ido contando. Que no puedo recordar, pero están en mi mente como si yo las recordara vívidamente.
La foto de mi abuelo yendo a buscar algo y yo siguiéndolo: iba a buscar una botella de Gancia que tenía escondida, lo tenía prohibido. Yo lo veía beber y pedía, y él contestaba,
- “bueno, pero no digas nada, bebe apenitas, un mojarse los labios nada más”
Y seguía al abuelo, diciendo:
- “beio (abuelo en mi lenguaje) , apenitas.”
Eso causó la curiosidad de mi mamá y mi abuela, hasta que descubrieron la razón del “apenitas”. Lo descubrieron in fraganti, mea culpa, y quedó para la anécdota familiar.

Otra foto: sentados almorzando, o cenando, y el abuelo, rezongando por algo. La abuela, para acabar con la discusión, me dijo
:- este abuelo está muy rezongón, qué te parece si lo cambiamos por otro?”
Lo miré, pensativa, y contesté:
-“Si, pero por otro igual a este”.
Vaya ganancia, vaya cambio.
Me cuentan que las lágrimas rodaban por sus mejillas. A pesar de sus rezongos y del pedido de cambio, seguía eligiendo al abuelo que conocía, esa cara, ese pelo, esos bigotes, esa persona buena, esa cara de abuelo que siempre alguien idealiza, con una foto, un dibujo, exactamente esa era la cara de mi abuelo. Y yo no podía menos que pedir uno igualito. En mi inocencia, sin saberlo, le estaba regalando el amor, la ternura, la calidez de mi infancia, el amor de un nieto.

Después de su muerte, lo extrañaba y buscaba, en silencio por toda la casa, sin decir nada. Algo intuía, pero no preguntaba. Mi niñez de hija única me permitía deambular y jugar e inventarme universos, planetas y lugares exclusivos, cuando no estaba compartiendo juegos con otras nenas de mi edad. Y en esos paseos solitarios lo buscaba. En algún momento iba a encontrar una respuesta, estaba segura.
Cerca de casa (Villa Urquiza) había un lugar, un terreno amplio, con tranvías en desuso, sobre una avenida, aún había trolebuses, recuerdo haber viajado en alguno, ramalazos de imágenes, se avisaba al conductor que frenara en la próxima parada tirando de una soguita...clic, otra foto
Yo, insistiendo, preguntaba, inocente, esperanzada:
“¿Cuándo va a volver el abuelo?”
Y me contestaban, sin animarse a decirme que no volvería:
- “Cuando arreglen los tranvías”
Oportuna pregunta justo cuando pasábamos frente a ese terreno con esos tranvías, respuesta oportuna.
Cada vez que pasábamos por ahí, miraba, ansiosa, no veía disminuir la cantidad de tranvías casi chatarras.
Con el tiempo, fui comprendiendo las cosas. Y sabía que no habría tranvías que me trajeran al abuelo conmigo.
Pero, sin quererlo, inconscientemente, buscaba ese terreno con los tranvías, y miraba, y desalentada veía como seguían sin arreglar, ya hechos chatarra. Hasta que fueron desapareciendo. Años más tarde, ese terreno ya vacío de tranvías, en algún viaje a Buenos Aires (ya no vivía allá), pasaba por ahí y veía el vacío dejado por tranvías. Ya no volvería, era definitivo.
Con el tiempo ese terreno se fue transformando y hoy, ya no lo reconocería, ni la avenida, ni las calles circundantes, sólo que estaba en mi barrio.
Pero aún hoy, cuando vuelvo a ese barrio, busco en las avenidas algún terreno que se parezca al terreno de mi infancia, busco el tranvía que algún día traerá al abuelo, remozado, flamante tranvía, probablemente lleno de abuelos que vendrán a jugar con los nietos que dejaron su infancia guardadita en un rinconcito protegido.

Este relato ha sido enviado y redactado por una amiga en Facebook, Edith Santana de Cancela, gracias por compartirlo!

lunes, 11 de enero de 2010

DIEZ ÁNGELES

Diez ángeles caminan junto a mí, todos los días. Diez ángeles que me guían, me
consuelan y me protegen. Me acompañan desde que yo era muy joven.
De repente me preguntarás, “¿Porqué diez? ¿Qué tienes tú de especial? ¿Porqué
no uno, dos, o tres? ¿Porqué diez?
- Yo creo que no necesitas tantos”.
- Verás, cada ángel tiene un trabajo determinado que hacer.
- Sí, parece que hasta los ángeles se especializan.
- Todos conocemos a Fé, Esperanza y Caridad.Son ángeles de maravilla, y
¡tienen tanto trabajo! Pero hay siete ángeles más, y todos nos consuelan y nos
protegen.
- Al cuarto ángel le llamo Tolerancia, a quien, mucho me temo, no llamamos lo
suficiente, porque, si así fuera, no habría odio ni prejuicios.
Al siguiente ángel es a quien llamo Perdón, al cual tampoco llamamos con
frecuencia. ¿A quién de nosotros no le vendría bien, más Perdón en nuestros
corazones?
- Y luego tenemos al ángel a quien llamo Belleza. Vemos tantas cosas feas en la
vida, que no conozco una sola alma que no quisiera tener más Belleza en su vida.
- Los dos ángeles siguientes son los gemelos a quienes llamo Alegría y Felicidad.
Muchas veces se les ve caminando de la mano.
- Mi ángel favorito es el llamado Amigo. Este angelito es el que puede realmente
dar riqueza a nuestras vidas. A menudo le escucho decir, “Para tener un amigo,
primero TÚ debes serlo" ¿Y sabes una cosa?, ¡¡funciona!!
- Y, finalmente, pero no por eso de menor importancia, está el ángel que llamo
Amor. A veces se le vé tan tímido, que parece estuviera durmiendo. Pero siempre
está cerca. Si tan sólo le abriéramos nuestros corazones y le dejáramos entrar. Si
lo hiciéramos, entonces sería más fácil que viéramos a todos los demás Angeles.
- Yo sí creo que todos tenemos Diez Ángeles que nos acompañan siempre.
Son enviados de Dios, para estar con nosotros, para guiarnos, y
protegernos hasta el día que nos unamos a Él, en aquel lugar que
llamamos Cielo.

enviado por Maricel del blog www.jardindeluzmardelplata.blogspot.com