"A las puertas del cielo llegaron un día cinco viajeras
- ¿Quienes son Ustedes? les preguntó el guardián del cielo.
- Somos - Contestó la primera - LA RELIGIÓN
- LA JUVENTUD...- dijo la segunda
- LA COMPRENSIÓN...- dijo la tercera
- LA INTELIGENCIA... - dijo la siguiente
- LA SABIDURÍA - dijo la última
- Identifíquense!! - ordenó el carcerbero
Y entonces...
La religión se arrodilló y oró. La juventud se rió y cantó. La comprensión se sentó y escuchó. La inteligencia analizó y opinó. Y la sabiduría... contó un cuento."
(tomado de una idea de Anthony de Mello, modificada por Jorge Bucay)
Buscar
viernes, 3 de enero de 2014
El precio de la comida
viernes, 30 de diciembre de 2011
UN AÑO NUEVO

- Lo de siempre: amor, paz, salud, felicidad…- contesta el ángel más viejo.
- Y bueno, todas esas son cosas muy importantes.
- Lo que pasa es que hace siglos que estoy escuchando los mismos pedidos y aunque el tiempo pasa los hombres no parecen comprender que esas cosas nunca van a llegar desde el cielo, como un regalo.
- ¿Y qué podríamos hacer para ayudarlos? – Dice el más joven y entusiasta de los ángeles.
- ¿Te animarías a bajar con un mensaje y susurrarlo al oído de los que quieran escucharlo? – pregunta el anciano.
Tras una larga conversación se pusieron de acuerdo y el ángel pelirrojo se deslizó a la tierra convertido en susurro y trabajó duramente mañana, tarde y noche, hasta los últimos minutos del último día del año.
Ya casi se escuchaban las doce campanadas y el ángel viejo esperaba ansioso la llegada de una plegaria renovada. Entonces, luminosa y clara, pudo oír la palabra de un hombre que decía:
- "Un nuevo año comienza. Entonces, en este mismo instante, empecemos a recrear un mundo distinto, un mundo mejor:
sin violencia, sin armas, sin fronteras, con amor, con dignidad; con menos policías y más maestros, con menos cárceles y más escuelas, con menos ricos y menos pobres.
Unamos nuestras manos y formemos una cadena humana de niños, jóvenes y viejos, hasta sentir que un calor va pasando de un cuerpo a otro, el calor del amor, el calor que tanta falta nos hace.
Si queremos, podemos conseguirlo, y si no lo hacemos estamos perdidos, porque nadie más que nosotros podrá construir nuestra propia felicidad".
Desde el borde de una nube, allá en el cielo, dos ángeles cómplices sonreían satisfechos.
sábado, 24 de diciembre de 2011
EL SECRETO DE SANTA CLAUS

"Quiero saber cómo, mientras viajas dejando regalos aquí y allá, nunca se terminan. ¿Cómo es, querido Santa, que en tu saco de regalos hay suficiente para todas las niñas y niños del mundo? Siempre está lleno, nunca se vacía mientras vas de chimenea en chimenea, a casas grandes y pequeñas de país en país, visitándolos todos.
Santa se sonrió y le contestó, "No me hagas preguntas difíciles. ¿No quieres un juguete?
Pero el niño dijo que no y Santa pudo ver que él esperaba una respuesta. "Ahora escúchame," le dijo al niño, "Mi secreto te hará más triste y más sabio".
"Lo cierto es que mi saco es mágico. Dentro de él hay millones de juguetes para mi viaje en Nochebuena. Pero a pesar de que visito a cada niña y a cada niño no siempre dejo juguetes. En algunos hogares no tienen comida, en otros hay tristeza, en algunos hogares están desesperados, y otros son malos. Algunos son hogares rotos, donde los niños sufren. Esos hogares visito, pero ¿qué puedo dejar?".
"Mi trineo está lleno de cosas alegres, Pero para los hogares donde habita la tristeza, los juguetes no son suficiente. Así que en silencio me acerco, y beso a cada niña y a cada niño, y rezo con ellos para que reciban la alegría del espíritu de la Navidad, el espíritu que vive en el corazón del niño que no recibe, pero que da".
"Si Dios escucha y contesta mi oración, cuando regrese el próximo año, lo que encontraré serán hogares llenos de paz, y amor. Y niños y niñas llenos de la luz infinita. Es un trabajo difícil, mi querido amiguito, dejar regalos para algunos y orar por otros. Pero las oraciones son los mejores regalos porque Dios tiene el don de satisfacer todas las necesidades".
"Esa es parte de la contestación. El resto es que mi saco es mágico. Y esa es la verdad. Mi saco está cargado de amor. En mi saco nunca falta el amor y la alegría... porque dentro hay oraciones y esperanzas. No sólo juguetes. Mientras más doy, más se llena... porque dando es como realizo mis sueños".
"¿Y quieres saber algo? Tú también tienes tu propio saco. Contiene tanta magia como el mío, y está dentro de ti. Nunca se vacía, está llenito desde el principio de tu vida. Es el centro de la luz y el amor. Es tu corazón. Y si en ésta Navidad quieres ayudarme, no te preocupes tanto por los regalos debajo de tu árbol. Abre ese saco que es tu corazoncito, y comparte tu alegría, tu amistad, tu dinero, tu amor".
"Gracias por el secreto. Me tengo que ir".
"Espera niño", dijo Santa, "no te vayas. ¿Compartirás lo que tienes? ¿Ayudarás? ¿Te servirá lo que has aprendido?"
Y por un momento el niño se detuvo, tocó su corazón y simplemente dijo: "Sí".
domingo, 10 de abril de 2011
LOS DISPAROS
En el bosque sonaron unos disparos aterradores. El cervatillo, que estaba con su mamá y con su abuelo, dijo, asustado:_¿Qué felices debían de ser antiguamente, cuando no había escopetas!
_ No tanto_ contestó el abuelo_ Entonces no había escopetas, pero los hombres tenían arcos y flechas y el resultado era el mismo.
_Pero no eran tan temibles como esas cosas que echan fuego, mamá!
_ Hijo mira, No es a las armas a lo que debes temer, sino a los hombres que quieren hacernos mal, como cazarnos, casi siempre sin motivo.
_ Así que ya lo sabes: el peligro es el peligro, sin que importe mucho el color o la forma que tenga_ terminó el abuelo
El cervatillo lo comprendió así, pero siguió pensando en lo terribles que eran esas armas que echan fuego por la boca.
EL COLOR NEGRO
Y se metía también en el estanque, a ver si se ponía tan blanco como el cisne, pero ¡quiá! ni por esas. Por mucho que se bañaba seguía cada vez más negro.
_ ¡Pues ya que no puedo ponerme blanco, como ese presumido, haré que él se ponga tan negro como yo; a ver qué hace entonces!
Fue a un cenegal de barro negro, se revolcó bien y cuando estaba todo bien embarrado, se dejó caer encima del cisne. El cisne lógicamente protestó:¿Pero qué hacés, hombre; es que no ves cómo me has puesto?
_ ¡Mejor!_ dijo el cuervo frotándose las manos de gusto_¡Ahora ya somos iguales los dos!¿Qué dices ahora eh?
_Ni lo pienses_ contestó el cisne_
Mira: por mucha que sea tu envidia, no podrás nada contra mi blancura.
Se metió debajo del agua y volvió a salir blanco como la nieve; luego dijo:
_ ¿Y sabes una cosa? ¡Qué el envidioso siempre será negro, por mucho que se bañe!
domingo, 1 de agosto de 2010
LA SILLA
Había una vez un chico llamado Mario a quien le encantaba tener miles de amigos. Presumía muchísimo de todos los amigos que tenía en el colegio, y de que era muy amigo de todos. Su abuelo se le acercó un día y le dijo:- Te apuesto un bolsón de palomitas a que no tienes tantos amigos como crees, Mario. Seguro que muchos no son más que compañeros o cómplices de vuestras fechorías.
- No os mováis, vais a ver algo alucinante.
Entonces se fue a sentar en la silla, pero como no la veía, falló y se calló sentado al piso. Todos se echaron unas buenas risas.
Pero volvió a fallar, provocando algunas caras de extrañeza, y las primeras burlas. Mario no se rindió, y siguió tratando de sentarse en la mágica silla de su abuela, pero no dejaba de caer al suelo... hasta que de pronto, una de las veces que fue a sentarse, no calló y se quedó en el aire...
Aquella tarde, los cuatro fueron a ver al abuelo para pagar la apuesta, y lo pasaron genial escuchando sus historias y tomando palomitas hasta reventar. Y desde entonces, muchas veces usaron la prueba de la silla, y cuantos la superaban resultaron ser amigos para toda la vida.
martes, 26 de enero de 2010
CRISTOBAL EL VENDEDOR AMBULANTE
-¿Y eso? Le preguntó doña Gertrudis a su vecina Lola.Las dos dejaron de barrer la vereda y apoyadas en la escoba miraron con curiosidad hacia la esquina, donde Cristóbal había instalado su negocio ambulante: un pequeño carrito, una sombrilla de playa y muchos paquetitos de colores.
-Parece un botellero…-le contestó Lola a su vecina Gertrudis antes de baldear el umbral.
-¡No…! Seguramente vende chucherías para los chicos…
-comentó el almacenero Luis, que en ese momento levantaba la cortina de su negocio, y enseguida, asomándose por la puertecita de lata ondulada, le preguntó:-¡Eh, vendedor…! ¿Qué son…? ¿Juguetes?
-Mmm… ¡Por ahí, por ahí…! –contestó Cristóbal.
-¿No? Ah, entonces ya sé… ¡Son cosas dulces para los chicos!
-Ah… ¿para grandes?
-Tampoco…
-¿Para viejitos, entonces?- preguntó desde su ventana el abuelo de Tito-. Pero amigo…¡si los viejos no podemos comer dulces porque nos hacen mal…!
-Estas cosas son dulces, pero no se comen. ¡Se guardan!-le contestó Cristóbal. Después sacó una armónica de su bolsillo y se puso a tocar y a bailar alrededor del carrito de colores.
Tocó un valsecito criollo y comenzaron a rodearlo todas las cabezas blancas del barrio mirándolo con sorpresa.
-¿Qué vendes, muchacho?-le preguntó por fin don Natalio.
-¡Ilusiones, abuelo…vendo ilusiones! ¡Son para ustedes!
-¿No digas? ¿En serio? ¡Qué clase de ilusiones serán ésas!
-Y…ilusiones blancas, rosas, celestes… ¡En fin, las que ustedes prefieran!¡Vamos, elijan…!Son todas nuevitas.
Entonces todos los viejitos estiraron sus manos diciendo:
-¡A mí una rosa! ¡A mí una celeste!¡Yo quiero una blanca!
Cuando el carrito quedó vacío y los viejitos volvieron muy contentos a sus casas, cada cual con su ilusión, Cristóbal el vendedor, cerró la sombrilla y cantando, cantando, se fue con su carrito, hacia otra esquina del mundo…
Marta Giménez Pastor, serie para escuchar y hablar.
miércoles, 20 de enero de 2010
LA LEYENDA DEL PAN
Y así ocurría con las comidas, los vestidos, los trabajos y las fiestas. Todo tenía que ser completamente diferente, menos una sola cosa: en los dos pueblos había panadería y se comía pan. Pero claro, no era el mismo pan.
En un pueblo el pan era sequito, casi como uno galleta, pura corteza dorada. En el otro hacían un pan blando, un bollo tierno como una espuma blanquísima, toda miga, que se deshacía en la boca.
Un buen día, el hijo del panadero de uno de los pueblos se enamoró de la hija del panadero del otro pueblo.
De nada valieron las protestas de los padres porque los jóvenes se amaban y querían estar juntos. Después de muchas discusiones, los mayores aprobaron el casamiento con la condición de que se fueran a vivir a otro pueblo, cercano donde no hubiera panadería; y entonces serían ellos, los enamorados, los panaderos del lugar.
Pero. ¿Cómo tendría que ser el pan para que ninguno de los dos pueblos se sintiera disminuido? La nueva panadería debería fabricar un nuevo pan que fuera algo así como un casamiento de bollos y galletas. ¿Cómo hacer un pan que tuviera el mismo tiempo miga y corteza?
Los jóvenes panaderos hicieron muchas pruebas; con más y con menos harina, con más y con menos calor en el horno, hasta que por fin consiguieron dorar la corteza y mantener blandito el interior del pan.
Y así, por primera vez, la gente de ese pueblo probó el pan que ahora todos conocemos, y los panaderos que lo fabricaban fueron muy felices.
Y colorín, colorado…
Michel Tournier
Versión libre de “La leyenda del pan” en Medianoche de amor, Madrid, Alfaguara 1991.
sábado, 16 de enero de 2010
LA VACA VANIDOSA
miércoles, 13 de enero de 2010
LA GALLINA CANTARINA
Cada vez que Cantarina ponía un huevo, cantaba muy contenta. ¡Cómo cacareaba la gallina, Cantarina! Una rana que andaba por allí, le dijo muy enfadada:_ ¿A qué viene tanto alboroto? ¡No dejas dormir a nadie con tu escandaloso cacareo!
_ Tengo motivos para cantar. ¿No ves que hermoso huevo he puesto?
_ ¡Vaya cosa!_ contestó la rana_ ¿Y por un huevo de nada armas ese alboroto?
_ ¡Pues claro!_ dijo Cantarina muy ofendida_. ¡Éste es un huevo precioso! ¿A que sí?
_Anda cállate y déjanos dormir, que falta nos hace.
Llegó la noche y se acostaron todos los animales de la granja. Todo quedó en silencio y sólo se oía el croar de la rana.
A la mañana siguiente Cantarina fue a verla y le dijo
_ ¡Vaya nochecita que nos has dado!
Con tu croar nadie ha pegado un ojo en toda la noche.
_ ¡No puede ser! _contestó la rana_ Mi croar es tan dulce y musical que da gusto oírlo.
_ ¿Y a ti te parece mal mi cacareo?
Pues yo hago algo útil antes de cantar: ¡Pongo un huevo! Pero tú: ¿Qué has hecho de utilidad?
La rana se puso colorada de vergüenza y desde aquel día no volvió a decir nada cuando oís cacarear a la gallina Cantarina.
domingo, 10 de enero de 2010
A ENREDAR LOS CUENTOS
_ ¡No, Roja!
_ ¡Ah!, sí, Caperucita Roja. Su mamá la llamó y le dijo: “Escucha, Caperucita Verde…”.
_ ¡Que no, Roja!
¡Ah!, sí, Roja. “Ve a casa de tía Diomira a llevarle esta cáscara de papa.”
_No: “Ve a casa de la abuelita a llevarle este pastel”.
_Bien. La niña se fue al bosque y se encontró a una jirafa.
_ ¡Qué lío! Se encontró al lobo, no a una jirafa.
_Y el lobo le preguntó: “¿Cuánto es seis por ocho?”
_ ¿Qué va! El lobo le preguntó: “¿Adónde vas?”.
_ Tienes razón. Y Caperucita Negra respondió…
_ ¡Era Caperucita Roja, Roja, Roja!
_Sí, y respondió: “Voy al mercado a comprar salsa de tomate”.
_¡Qué va!: “Voy a casa de la abuelita, que está enferma, pero no recuerdo el camino”.
_Exacto. Y el caballo dijo…
_¿Qué caballo? Era un lobo.
_Seguro. Y dijo: “Toma el tranvía número setenta y cinco, baja en la plaza de la Catedral, dobla a la derecha y encontrarás tres escalones y una moneda en el suelo; deja los tres escalones, recoge la moneda y cómprate un chicle”.
_Tú no sabes explicar cuentos en absoluto, abuelo. Los enredas todos. Pero no importa, ¿me compras un chicle?
_Bueno: toma la moneda.
Y el abuelo siguió leyendo el periódico.
Gianni Rodari.
En Cuentos por teléfono, Barcelona, Juventud, 1995
viernes, 8 de enero de 2010
EL DIA QUE LAS ABUELAS PERDIERON LA MEMORIA
Una vez allí, tomó la almohada de su cama y le sacó el relleno de lana. Volvió a llenarla con su precioso botín y la cosió.
Desde entonces, cuando se iba a dormir, escuchaba una historia diferente cada noche, proveniente de las memorias de las miles de abuelas.
Así, el pícaro duende pensaba tener cuentos para oír durante toda su vida.
¡Qué sorpresa se llevaron los chicos al día siguiente, cuando les pidieron a sus abuelas que les contaran un cuento!
_ ¡Qué raro…no me acuerdo de ninguno!_ decían las viejitas.
_ ¡Vamos, “abue”, aunque sea el mismo de anoche!
_ ¡Tampoco lo recuerdo!_ respondían ellas, sin comprender cómo, de un día para el otro, habían olvidado todos sus relatos.
De nada sirvieron los jarabes que les recetaron los doctores ni los yuyos mágicos de las curanderas. Las abuelas no lograban recordar ni un solo cuento. Se acordaban de alguna que otra receta de cocina, de algún remedio casero para curar o de cómo bordar un mantel.
Pero ninguna de estas cosas les interesaba a los chicos.
Mientras tanto, el duende Brincatablón se la pasaba en el fondo de su cueva oyendo cuentos.
Había descubierto que, según en que parte de la almohada pegaba la oreja, escuchaba un relato distinto.
En el centro estaban las historias de piratas, que hablaban de tesoros escondidos, playas lejanas y rudos marineros.
Un poquito más arriba sonaban cuentos de hadas, con bosques encantados, dragones que echaban fuego y princesas prisioneras.
En la punta, donde se le formaba una orejita a la almohada, al duende se le hacía agua la boca oyendo fábulas de ciudades de caramelo, con torres de chocolate, lagos de almíbar y árboles de turrón.
Pero sobre la costura, el duende Brincatablón se cuidaba muy bien de no volver a poner la cabeza. Ahí, entre las puntas del hilván, había quedado cosida la memoria de una abuela que coleccionaba cuentos de terror.
Terribles fantasmas arrastraban cadenas por castillos embrujados en las noches de tormenta y… ¡Brrr! ¡Cosas que daban mucho miedo y provocaban pesadillas!
Desde que tenía su “almohada de cuentos”, como él decía, no hacía otra cosa que estar el día entero en la cama, empachándose con cuentos, caramelos y durmiendo.
Había engordado tanto, que casi no podía pararse para pasar el plumero o barrer.
En poco tiempo, la cueva se le llenó de polvo y telarañas. Y, lo que es peor, de polillas. Las polillas le comieron la ropa, el mantel, el colchón…Y una noche, mientras dormía, el forro de la almohada.
Fue entonces…
…cuando las memorias escaparon y volaron a reunirse con sus respectivas abuelas.
Cuando el duende despertó, y vio lo ocurrido, se enojó tanto con las polillas que estuvo toda la mañana persiguiéndolas y amenazándolas con ponerlas a contar cuentos por el resto de sus vidas.
Las abuelas recuperaron su memoria. Pero como se enteraron de que había sido el duende Brincatablón quien se las había robado, decidieron escribir sus historias en papel, por si alguna vez el pícaro ladrón volvía a hacer de las suyas.
Y así fue como nacieron los libros de cuentos.
Oscar Salas
